Recetas a ritmo de Rock

Gingerbread men cookies

El olor de estos hombrecitos de jengibre recién hechos llena la casa de aroma a Navidad. Receta adaptada del libro Cookies de Martha Steward.

Por ,

1 h y 30 min
8-12 minutos a 175 ºC

Las galletas de jengibre derivan del pan de jengibre. De hecho, su sabor lo recuerda mucho pero estas galletas son típicamente muy crujientes, por lo que también se les ha llamado “galletas crujientes”. Al igual que ocurre con el pan de jengibre, tienen un dulzor muy característico que viene dado por la melaza, la cual se utilizaba para sustituir el azúcar debido a que era más barata.

Estas galletas se hicieron muy populares en la época colonial tanto en Europa como en América. De hecho, la tradición de hornearlas en Navidad dura hasta hoy en día, hasta el punto de que no sólo se disfruta de ellas para comerlas, sino que se puede decir que forman parte de la decoración navideña. En Europa, Alemania es el país con una tradición más fuerte, donde cuentos de hadas populares relataban historias relacionadas con estas galletas. Se cree que los hermanos Grimm modernizaron la tradición de las galletas de jengibre en 1812 tras su cuento “Hansel y Gretel”, esos dos niños que, perdidos en el bosque, encuentran una casita hecha de galleta de jengibre en la que vive un bruja que come niños. Desde entonces, es muy típico ver casitas hechas de galleta de jengibre decorando las casas en Navidad.

Típicamente, estas galletas se hornean con formas de hombrecito, estrella o animales, y se decoran con glasa blanca o de colores. En esta ocasión, me he decantado por los tradicionales hombrecitos de jengibre decorados con glasa blanca. Como podéis ver, he conservado la decoración más clásica, aunque también hay algunos más modernos que van un poco más a la moda.

Ingredientes

  • 450 g de harina de trigo común (más 50g por si acaso)
  • ½ cucharadita de bicarbonato sódico
  • ½ cucharadita de sal fina
  • 2 cucharaditas de jengibre en polvo
  • 2 cucharaditas de canela
  • ½ cucharadita de clavo
  • ½ cucharadita de nuez moscada
  • 115 g de mantequilla (a temperatura ambiente)
  • 100 g de azúcar moreno
  • 1 huevo (a temperatura ambiente)
  • 200 g de golden syrup (melaza clara)
  • Glasa Real blanca para decorar

Elaboración

  1. Mezcla bien los 450 g de harina, el bicarbonato, la sal y las especias.  Tamiza y reserva.
  2. Bate la mantequilla y el azúcar moreno con la pala a velocidad media hasta conseguir una mezcla cremosa.
  3. Baja la velocidad. Añade primero el huevo y luego la melaza lentamente. Nota 1
  4. Cuando toda la mezcla esté integrada añade los ingredientes secos a cucharadas, con la velocidad al mínimo pero sin dejar de batir. Para la batidora una o dos veces y ayúdala despegando la masa de la pala y bajándola de las paredes del bol. Si es necesario, añade los 50 g de harina restantes. El resultado debe ser una masa que resulta pegajosa pero manejable. Nota 2
  5. Divide la masa en dos partes y envuélvelas en papel film. Déjalas enfriar al menos 15 minutos en la nevera para que cojan firmeza.
  6. Una vez frías, coloca cada parte de masa entre dos hojas de papel de hornear y estírala con el rodillo hasta conseguir una plancha de 6 mm de grosor.
  7. Coloca las planchas de masa en una bandeja, una sobre otra, y vuelve a refrigerar al menos 1 hora (en este punto, puedes dejar la masa en la nevera hasta el día siguiente).
  8. Precalienta el horno a 175 ºC.
  9. Saca las planchas de masa de la nevera de una en una a medida que las vayas utilizando y vuelve a pasar el rodillo por si se hubieran deformado.
  10. Corta la masa y coloca las galletas en una bandeja de horno cubierta con papel de hornear. Nota 3
  11. Hornea las galletas durante 8-12 minutos (el tiempo varía en función del tamaño de la galleta), o hasta que los bordes comiencen a dorarse ligeramente. Es preferible girar la bandeja a mitad de la cocción, ya que suelen dorarse antes de un lado que del otro. Nota 4
  12. Deja reposar las galletas 1 minuto sobre la bandeja del horno. Luego retíralas con cuidado de no quemarte y colócalas en una rejilla para dejar que se enfríen por completo.
  13. Decora las galletas con Glasa Real blanca y déjalas secar a temperatura ambiente.

Notas y Consejos

Nota 1 Truco: para pesar la melaza, engrasa antes el bol que vayas a utilizar, ya que así no desperdiciarás la que se quede pegada en las paredes.

Nota 2 Se trata de una masa bastante pegajosa, pero no te asustes porque luego con el frío de la nevera se vuelve más manejable. La cantidad de harina puede variar en función de la humedad ambiental, por eso unas veces la masa sale más pegajosa que otras. En este caso no nos vale el truco de amasar hasta que la masa forma una bola y se despega de las paredes del bol, porque esta sí se queda parcialmente pegada. Un modo de saber si la masa está lista o necesita más harina es tocándola: si está demasiado pegajosa y te deja todo el dedo pringado, añade más harina. El punto óptimo es cuando al tocarla, o bien no te manchas el dedo o, a pesar de que te queden algunos restos de masa pegados en el dedo, eres capaz de limpiarlos sólo con dar unos toquecitos más contra la misma masa ¡No conviene pasarse con la harina para que las galletas no queden demasiado duras y apelmazadas!

Nota 3 Antes de comenzar a cortar las galletas, coloca la primera plancha boca abajo con cuidado (si está fría estará lo suficientemente firme como para darle la vuelta sin problemas) y retira el papel de hornear con cuidado hasta despegarlo por completo. Vuelve a colocarlo sobre la masa y dale la vuelta a la plancha para hacer lo mismo por el otro lado. De este modo, la masa no te quedará pegada al papel y podrás retirar las galletas con más facilidad a medida que las vayas cortando.

Nota 4 Estas galletas se pueden hacer más blanditas o bien más crujientes. Eso va a gustos, pero para conseguir hacerlas al tuyo sólo tienes que regular el tiempo de horno; cuanto más las hornees más crujientes quedarán. Como a mí me gustan más bien duritas, para una galleta de unos 8-10 cm suelo hornear unos 12 minutos, que es cuando comienzan a dorarse por los bordes. Sin embargo, ten cuidado de no pasarte ya que endurecen al enfriar. Además, estas oscurecen una vez frías.

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